(A veces en los cómics también se puede encontrar buenos conjuros. Estos dos son muy similares: en el fondo, los dos sirven para sujetar a un demonio bajo el poder del brujo. Ambos están sacados de una misma historia de la magnífica serie sobre Hellboy creada por Mike Mignola, y poseen cierto distanciamiento humorístico. Figura como traductor de ese número Carles M. Miralles.)
(Igor Bromhead acaba de liberar al demonio Liliac de la caja de metal en la que el santo Dunstan lo había aprisionado con unas tenazas mil años atrás. Protegido por una imagen del santo, intenta hacer que Liliac le obedezca como a su amo.)
Armado del poder de su majestad suprema, yo te ordeno y mando, oh, espíritu, por el que dijo una palabra y con ella lo dijo todo. Por los nombres de Adonai, El, Elohim, Ehyeh Asher Ehyeh y Zobaoth. Por Dunstan, el Santo, tu carcelero, cuya imagen me protege. Y por tu mismísimo nombre secreto, Liliac, demonio menor del infierno, pues sabiéndolo tengo poder sobre ti. (…) En su nombre, yo te ordeno. Y por sus santas tenazas. Y por este nombre, Tetragrámaton Jehová, te ordeno y mando, pues al oírlo se desencadenan los elementos, laméntase el aire, el mar se retira… Dame riqueza y poder.
(Ahora Bromhead, acompañado de Liliac, a quien ya ha sometidoa su poder, intenta hacer lo mismo con Hellboy. Recordemos que Hellboy no deja de ser un demonio, aunque haya escogido su propio destino.)
Anung Un Rama (supuesto nombre secreto de Hellboy)… Te maldigo y te maniato con cadenas de hielo y lenguas de fuego… Te ordeno por tu mismísimo nombre secreto, pues por medio de ese nombre ejerzo poder sobre ti. ¡Ahora! (…) Yo te ordeno y mando, por Belam, Belfegor y Molech, por los príncipes y ministros más poderosos de las órdenes infernales, por Astar… (aquí, suponemos, se va a referir a Astaroth, pero Liliac le corta antes de que pueda completar el nombre: “¡No! ¡No! No nombres a ese, que sus favores salen muy caros”.) Entonces te mando por mi propio nombre, Igor Weldon Bromhead… y por Liliac, tu propio primo, que te traicionó. (Aquí seguirían unas palabras en supuesta jerigonza diabólica con una finalidad muy concreta y que no reproducimos al no considerarlo de interés.)
(Mike Mignola, “La caja del mal”, en Hellboy. La mano derecha del destino, Norma Editorial, Barcelona, 2004, [s. pp.])
jueves, 30 de agosto de 2007
miércoles, 29 de agosto de 2007
Canción de brujería
(El siguiente es un poema con forma de conjuro, o tal vez un conjuro disfrazado de poema, compuesto por el poeta granadino Luis García Montero. Incluido por primera vez en el libro Habitaciones separadas, aparece también en su antología Casi cien poemas, en la cual tuve la suerte de encontrarlo.)
Señor compañero, Señor de la noche,
haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.
Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.
Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.
Señor compañero, Señor de la noche,
haz que no cante el gallo
sobre los edificios,
que se retrase el día
y que duren tus sombras
el tiempo necesario.
El tiempo que ella tarde en decidirse.
(Luis García Montero, “Canción de brujería”, en Casi cien poemas. Antología (1980-1995), Hiperión, Madrid, 1997, p. 153.)
Señor compañero, Señor de la noche,
haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.
Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.
Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.
Señor compañero, Señor de la noche,
haz que no cante el gallo
sobre los edificios,
que se retrase el día
y que duren tus sombras
el tiempo necesario.
El tiempo que ella tarde en decidirse.
(Luis García Montero, “Canción de brujería”, en Casi cien poemas. Antología (1980-1995), Hiperión, Madrid, 1997, p. 153.)
martes, 28 de agosto de 2007
Conjúrote, triste Plutón...
(Fruto de los conocimientos nigrománticos de la Celestina, el siguiente conjuro intenta obligar a las fuerzas infernales a intervenir para que Melibea se enamore de Calisto.)
Conjúrote, triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos que los hervientes étnicos montes manan, gobernador y veedor de los tormentos y atormentadores de las pecadoras ánimas, regidor de las tres furias, Tesífone, Megera y Aleto, administrador de todas las cosas negras del regno de Éstige y Dite, con todas sus lagunas y sombras infernales y litigioso caos, mantenedor de las volantes harpías, con toda la otra compañía de espantables y pavorosas hidras. Yo, Celestina, tu más conocida cliéntula, te conjuro por la virtud y fuerza de estas bermejas letras, por la sangre de aquella noturna ave con que están escritas, por la gravedad de aquestos nombres y signos que en este papel se contienen, por la áspera ponzoña de las víboras de que este aceite fué hecho, con el cual unto este hilado, vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad y en ello te envuelvas, y con ello estés sin un momento te partir, hasta que Melibea con aparejada oportunidad que haya lo compre, y con ello de tal manera quede enredada, que cuanto más lo mirare, tanto más su corazón se ablande a conceder mi petición. Y se le abras y lastimes del crudo y fuerte amor de Calisto, tanto, que, despedida toda honestidad, se descubra a mi y me galardone mis pasos y mensaje; y esto hecho pide y demanda de mí a tu voluntad. Si no lo haces con presto movimiento, ternásme por capital enemiga; heriré con luz tus cárceres tristes y escuras; acusaré cruelmente tus continuas mentiras; apremiaré con mis ásperas palabras tu horrible nombre, y otra y otra vez te conjuro, y así confiado en mi mucho poder, me parto para allá con mi hilado, donde creo te llevo ya envuelto.
(Fernando de Rojas, La Celestina, Ed. Crítica, Barcelona, 2000, pp. 108-110.)
Conjúrote, triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos que los hervientes étnicos montes manan, gobernador y veedor de los tormentos y atormentadores de las pecadoras ánimas, regidor de las tres furias, Tesífone, Megera y Aleto, administrador de todas las cosas negras del regno de Éstige y Dite, con todas sus lagunas y sombras infernales y litigioso caos, mantenedor de las volantes harpías, con toda la otra compañía de espantables y pavorosas hidras. Yo, Celestina, tu más conocida cliéntula, te conjuro por la virtud y fuerza de estas bermejas letras, por la sangre de aquella noturna ave con que están escritas, por la gravedad de aquestos nombres y signos que en este papel se contienen, por la áspera ponzoña de las víboras de que este aceite fué hecho, con el cual unto este hilado, vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad y en ello te envuelvas, y con ello estés sin un momento te partir, hasta que Melibea con aparejada oportunidad que haya lo compre, y con ello de tal manera quede enredada, que cuanto más lo mirare, tanto más su corazón se ablande a conceder mi petición. Y se le abras y lastimes del crudo y fuerte amor de Calisto, tanto, que, despedida toda honestidad, se descubra a mi y me galardone mis pasos y mensaje; y esto hecho pide y demanda de mí a tu voluntad. Si no lo haces con presto movimiento, ternásme por capital enemiga; heriré con luz tus cárceres tristes y escuras; acusaré cruelmente tus continuas mentiras; apremiaré con mis ásperas palabras tu horrible nombre, y otra y otra vez te conjuro, y así confiado en mi mucho poder, me parto para allá con mi hilado, donde creo te llevo ya envuelto.
(Fernando de Rojas, La Celestina, Ed. Crítica, Barcelona, 2000, pp. 108-110.)
sábado, 25 de agosto de 2007
Coordenadas preliminares
El libro de los conjuros fingidos tiene muchas páginas, aunque no sean de papel, pero de momento están todas en blanco. Espero irlas llenando poco a poco con los conjuros, encantamientos, hechizos, invocaciones y ensalmos que encuentre en novelas, relatos, libros de poemas y películas, para que al final quede así conformada una recopilación lo más completa posible.
Mi motivación es meramente lúdica y juguetona. No obstante, cada uno puede utilizar estos conjuros para lo que considere más conveniente, incluso con intenciones mágicas. Pues aunque su origen esté en la ficción, a fin de cuentas, ¿qué quiere decir eso?¿Acaso no puden ser tan válidos como los encantamientos contenidos en polvorientos grimorios estos otros, dictados por las misteriosas entidades que susurran al oído de artistas y poetas?
Se me ocurren dos razones para apoyar la validez mágica de los conjuros creados por los alquimistas de la palabra.
En primer lugar, que detrás de muchas novelas y de muchos guiones de películas hay una importante labor de documentación que rastrea en fuentes que pretenden ser auténticas (y en algunas ocasiones los propios autores son expertos en temáticas ocultistas, brujeriles, etc.).
En segundo lugar, que los maestros del esoterismo nos dicen que la sabiduría está oculta, y requiere que la busquemos para ascender en el conocimiento. Si esto es así, qué mejor disfraz para la auténtica sabiduría que el de la mentira. Qué mejor escondite para los auténticos conjuros y hechizos que una vitrina de cristal, a la vista de todos, pero con una etiqueta donde pone: "No me creas, soy sólo ficción".
Sin embargo, yo no soy un iniciado en la brujería o el ocultismo, nada más lejos de la realidad, ni siquiera soy un experto en tales temas. Tan sólo un aprendiz de filólogo que busca entretenimiento en una labor de recopilación más o menas erudita. Espero que tú, futuro lector, también lo encuentres en las páginas de este libro sin páginas.
Mi motivación es meramente lúdica y juguetona. No obstante, cada uno puede utilizar estos conjuros para lo que considere más conveniente, incluso con intenciones mágicas. Pues aunque su origen esté en la ficción, a fin de cuentas, ¿qué quiere decir eso?¿Acaso no puden ser tan válidos como los encantamientos contenidos en polvorientos grimorios estos otros, dictados por las misteriosas entidades que susurran al oído de artistas y poetas?
Se me ocurren dos razones para apoyar la validez mágica de los conjuros creados por los alquimistas de la palabra.
En primer lugar, que detrás de muchas novelas y de muchos guiones de películas hay una importante labor de documentación que rastrea en fuentes que pretenden ser auténticas (y en algunas ocasiones los propios autores son expertos en temáticas ocultistas, brujeriles, etc.).
En segundo lugar, que los maestros del esoterismo nos dicen que la sabiduría está oculta, y requiere que la busquemos para ascender en el conocimiento. Si esto es así, qué mejor disfraz para la auténtica sabiduría que el de la mentira. Qué mejor escondite para los auténticos conjuros y hechizos que una vitrina de cristal, a la vista de todos, pero con una etiqueta donde pone: "No me creas, soy sólo ficción".
Sin embargo, yo no soy un iniciado en la brujería o el ocultismo, nada más lejos de la realidad, ni siquiera soy un experto en tales temas. Tan sólo un aprendiz de filólogo que busca entretenimiento en una labor de recopilación más o menas erudita. Espero que tú, futuro lector, también lo encuentres en las páginas de este libro sin páginas.
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